lunes, 26 de junio de 2017

Opinando acerca de las políticas sobre drogas actuales y el impacto en la prevención y asistencia de las problemáticas de consumo.



La política actual de drogas está basada en un planteo abstencionista, que parte del objetivo principal de que la gente no consuma drogas, lo cual no es pertinente con la realidad, ya que la misma plantea un diverso continuum de posibles relaciones de los sujetos con las drogas, que quedan excluidos en una política abstencionista. La complejidad en los tipos y modalidades de consumo, requiere múltiples respuestas, tanto en lo preventivo como en lo asistencial. Esas respuestas. no pueden estar vinculadas a lo penal, porque no sólo no resuelve el problema, sino que genera otros.
Las intervenciones generadas a partir de políticas represivas en materia de drogas,  generan un efecto paradojal, criminalizando a usuarios que ni siquiera son dependientes. Lo punitivo produce un impacto estigmatizante, que refuerza a la persona en su rol de “adicto”, lo que dificulta la posibilidad terapéutica y la activa inserción social, obstaculizando el desarrollo saludable del sujeto y su sistema familiar. Incluso, la Ley actual (23.737) reconoce que el sujeto adicto es un enfermo, al  “posibilitarle” realizar un tratamiento, a cambio de la pena. Ahora bien, si el tratamiento no resulta, la pena se le impone: “si no te curás, te condeno”. Estos supuestos, orientan también las respuestas preventivas a un único objetivo: la abstención, sin trabajar desde una perspectiva crítica, posibles riesgos asociados al consumo.
El alcohol y el tabaco, con gran impacto social, son drogas legales, y no generan la misma percepción de “urgencia moral” que las ilegales, lo mismo sucede con la dependencia a psicofármacos. La percepción social de lo “malo” y lo “bueno” queda definida por lo prohibido y lo permitido. Se deja de lado un punto esencial que tiene que ver con el abordaje de las conductas de riesgo, y su implicancia directa en la salud pública.  Se demoniza lo prohibido, y se lo asume sin pensamiento crítico, como lo peligroso, subestimando los riesgos implicados en lo que está permitido.
La política represiva, no ha evidenciado ser efectiva en el control del consumo. Para la formulación de políticas públicas, debe contarse con expertos de diversas disciplinas que den cuenta de la complejidad de la problemática. El establecimiento de un espacio de discusión crítico y consistente, que fundamente y posibilite la revisión y formulación de las políticas actuales, permitiría que se responda con equidad en el abordaje de las problemáticas de consumo; implicando el reconocimiento del usuario, como sujeto de derecho.
Una perspectiva sociocultural, posibilita abordar el problema como un espacio de relaciones entre sustancias, sujetos y contextos. Entendiendo a la droga “no como un ente normativo (modelo penal) o patológico (modelo médico)” (Apud, I. y Romaní, O. 2016). El modelo sociocultural, adopta una visión crítica e integral de la problemática.  Describe y reconoce, dentro de la misma, aspectos como la construcción social de las adicciones en el desarrollo socio histórico, la representación social de las adicciones y la estigmatización.
Es fundamental trabajar con adolescentes en el ámbito educativo y comunitario respecto al uso responsable de drogas. 
La adolescencia implica, en su desarrollo, la necesidad de los sujetos de afianzar su identidad y autonomía. La búsqueda del riesgo, el desafío a la autoridad y a lo establecido, definen la etapa adolescente. Un discurso rígido y punitivo, fomenta la conducta desviada en esa etapa, dificultando la posibilidad de acompañarlos.

El trabajo con adolescentes debe apuntar a generar espacios participativos de pensamiento crítico que posibiliten la construcción de respuestas orientadas al desarrollo saludable. Para que esto pueda ser sistemático, debe estar sustentado desde políticas públicas flexibles e integrales que permitan el debate.
En Argentina, con la promulgación de la Ley Nacional de Salud Mental, N° 26657, se legitima una nueva perspectiva. El nuevo paradigma entiende a la salud mental como “un proceso determinado por componentes históricos, socioeconómicos, culturales, biológicos y psicológicos” (Art 3). Desde este posicionamiento, se incorpora a las adicciones como parte de las problemáticas de salud mental, corriéndolas del campo del delito. Lo que pondría fin a la exclusión y estigmatización de los consumidores de sustancias psicoactivas. Esta nueva perspectiva, pasa de un modelo basado en la incapacidad y peligrosidad de los usuarios de drogas, a un modelo que lo posiciona como sujeto de derechos; teniendo así, mayores posibilidades para desarrollarse e insertarse saludablemente.



Andrea Agrelo

lunes, 26 de diciembre de 2016

viernes, 16 de octubre de 2015


DIPLOMATURA UNIVERSITARIA EN ADICCIONES

MARZO A DICIEMBRE 2016



FACULTAD DE PSICOLOGÍA
UNIVERSIDAD DEL ACONCAGUA
MENDOZA - ARGENTINA

Cursado mensual: un viernes a la tarde y un sábado a la mañana por mes.


La propuesta de capacitación para el 2016

DOCENTES especializados y con gran trayectoria en el abordaje preventivo y asistencial de las adicciones.


Se constituyen grupos de trabajo interdisciplinarios. El aprendizaje es activo y participativo. La propuesta docente incluye espacios de análisis y debates grupales con referentes institucionales en la temática.



sábado, 27 de diciembre de 2014

ABORDAJE ASISTENCIAL DE LAS PROBLEMÁTICAS DE CONSUMO NIVELES DE INTERVENCIÓN


 En el abordaje asistencial con una persona con problemática de consumo, desde el inicio se plantea un objetivo prioritario que es el de disminuir los daños, tanto en el sujeto como en su familia. Para poder responder a ello sin dejar de profundizar en lo que subyace, se aborda, en forma simultánea, dos niveles de intervención:
1.       Un Nivel Operativo – Atenuante, con estrategias diseñadas para dar respuestas funcionales en los aspectos urgentes a tratar de la cotidianeidad del sujeto y su familia. Es decir, se apunta a generar cambios rápidos que detengan o disminuyan los daños producidos por la conducta adictiva. Lo que implica un abordaje motivacional que posicione al sujeto de manera tal que éste responda a las estrategias planteadas.
En un “Acontecimiento de cambio” (Greenberg 1986) se encuentran cuatro componentes:
-              Una señal del paciente que “es una afirmación o un grupo de afirmaciones que indican al terapeuta que el paciente se encuentra en ese momento frente a un problema (o un conflicto) susceptible de intervención”.
-              La operación del terapeuta que se refiere a la intervención realizada por él para facilitar la resolución del problema.
-              La actuación del cliente, que consiste en la respuesta del cliente a la intervención terapéutica.
-              Un resultado intrasesión, que va a variar en función de la teoría, puede ser la reorganización cognitiva, la resolución de un conflicto, el abandono de una idea irracional, etc.
En el Nivel Operativo - Atenuante del proceso, se tienen en cuenta  las señales del conultante que  tienen que ver con: resistencia a colaborar con la entrevista, a partir de silencios prolongados, críticas abiertas a lo dicho por el entrevistador, comportamiento no verbal que indica desacuerdo, conductas desafiantes, argumentos a favor de la conducta adictiva o, directamente, negación de la misma o de su gravedad (minimización del problema). Otra modalidad posible en esta fase, es la del sujeto que, reconociendo la conducta adictiva como problema, no registra como necesario un tratamiento para cambiar, ya que siente que sólo depende de que él así lo quiera, sin tener que recurrir a ningún tipo de ayuda externa.
Por otro lado, a partir de la observación directa del consultante, y los datos obtenidos por él y su entorno, se hacen innegables los daños producidos cuando hay persistencia en el consumo. Esto se evidencia en el alto monto de ansiedad, angustia y, a veces, agresión, de las primeras entrevistas. Las dificultades relacionadas con la escasa o nula actividad por parte del sujeto que consulta: abandono de estudios, desocupación, carencia de redes contenedoras. Historia de antecedentes en salud relacionados con internaciones por intoxicación aguda, episodios de violencia en el núcleo familiar, algunas veces, conductas delictivas, etc.
La operación o Intervención del entrevistador, deberá apuntar a disminuir la resistencia, aumentar la motivación y a construir con el consultante un problema en donde pueda sentirse identificado e implicado. La Intervención Motivacional con sus técnicas respectivas, han resultado ser útiles para la resolución del problema.
La intervención debe focalizarse explícitamente en el logro o refuerzo de aquellas conductas que el sujeto considera saludables, y que le otorgan beneficios internos como tranquilidad, orden, equilibrio, autoeficacia, etc. Al trabajar desde allí, el sujeto tiende a explayarse también sobre aquellas conductas que le impiden sentirse bien; y, el consumo de sustancias es una de ellas. A partir de allí, se trabaja sobre la idea de autocontrol, sin imponer la idea de abstinencia absoluta, lo cual sería completamente inútil considerando la fase del tratamiento.
En este nivel, se logra el objetivo, si el sujeto puede al menos registrar la necesidad de autocontrol en relación al consumo de sustancias.
Son adecuadas las Intervenciones mínimas con información y consejos directos sobre posibles conductas alternativas.
Trabajar con la familia es fundamental para poder interrumpir algunas secuencias de conductas que sostienen la conducta problema.
La respuesta del cliente se traduce en posturas y gestos que comienzan a reflejar comodidad, y puede hablar sobre lo que le pasa sin necesidad de que el terapeuta pregunte todo el tiempo. Escucha y responde en concordancia con los planteos que se le hacen. Aun en desacuerdo con la postura del terapeuta, la conducta no es desafiante sino explicativa.
Si la Intervención ha sido exitosa, el resultado intrasesión se hace evidente a partir de un aumento en la colaboración del paciente durante la entrevista. Sin que el terapeuta lo plantee, suele comenzar a hablar de sus patrones de consumo con cierto grado de preocupación al respecto.
En un Nivel operativo-atenuante, no se trabajan ni siquiera las teorías acerca del problema, sino que se priorizan acciones tendientes a disminuir rápidamente el daño, para, luego, trabajar en otro nivel de intervención.
Lo que realmente marca el éxito de la intervención en un nivel operativo, es que el consultante asista a la siguiente entrevista, y a la siguiente…
2.       Un Nivel Estructural, que apunta a Comprender la construcción del sujeto y su familia en relación a la conducta adictiva, Establecer nuevas perspectivas acerca del problema, que posibiliten el cambio de la misma y Posibilitar cambios estructurales.
Siguiendo el modelo del Acontecimiento de cambio, las señales que demandan una intervención, pueden ser:
El paciente ha comenzado a realizar algunas conductas que apuntan a disminuir el consumo, y puede hablar de las mismas como generadoras de conflictos. Demuestra preocupación por los efectos y puede verbalizar la necesidad de cambio. Es allí cuando, en forma simultánea se comienza a trabajar en el análisis de los factores implicados en el problema.
Las Intervenciones se basan en reestructuraciones en relación al síntoma y a las soluciones intentadas, de manera tal que se posibilite la visión de un cambio. Se trabaja estableciendo metas, y analizando cuáles son los factores que posibilitan u obstaculizan su concreción, a partir de allí, surge, inevitablemente el análisis de los aspectos individuales y familiares, presentes y pasados que intervienen en la problemática y en la posibilidad de su resolución.
Cuando la estrategia aplicada durante la sesión, es pertinente con el momento de cambio del paciente, y está en sintonía con el modo en que organiza la realidad esa persona en particular, se manifiestan resultados intrasesión que implican:
-          Apertura al diálogo
-          Aumento de la capacidad reflexiva y autocrítica intra sesión
-          Discurso protagónico de parte del consultante, “lo que yo puedo hacer”, en relación a las conductas tanto problemáticas como de resolución.
-          Aceptación de las construcciones ofrecidas por el terapeuta (redefiniciones, reformulaciones), manifiesto al utilizar dicha construcción en diferentes momentos de la sesión, y transfiriendo las mismas, a otras situaciones.
-          Participación activa en la direccionalidad de la sesión.
-          Realización de las tareas asignadas de una sesión a otra.
El Nivel Operativo, comienza desde la primera entrevista; y se mantiene durante todo el tratamiento. Es un nivel desde el cual pueden operar todos aquellos que reciben consultas iniciales relacionadas con la problemática adictiva.
El nivel Estructural, requiere por parte del paciente, una postura activa en un proceso de psicoterapia, lo cual no siempre se presenta desde el primer contacto.

Mgter Andrea Agrelo
Extracto del Capítulo del Libro:

“FUNDAMENTOS TEÓRICOS Y PRÁCTICOS DE LA INTERVENCIÓN EN LA FAMILIA, LA NIÑEZ Y LA ADOLESCENCIA” Cap. 7. “Las problemáticas sociales: Problemática de las Adicciones” 809 - 869. Editorial de la UDA.  Mendoza. Abril 2012