viernes, 16 de octubre de 2015


DIPLOMATURA UNIVERSITARIA EN ADICCIONES

MARZO A DICIEMBRE 2016



FACULTAD DE PSICOLOGÍA
UNIVERSIDAD DEL ACONCAGUA
MENDOZA - ARGENTINA

Cursado mensual: un viernes a la tarde y un sábado a la mañana por mes.


La propuesta de capacitación para el 2016

DOCENTES especializados y con gran trayectoria en el abordaje preventivo y asistencial de las adicciones.


Se constituyen grupos de trabajo interdisciplinarios. El aprendizaje es activo y participativo. La propuesta docente incluye espacios de análisis y debates grupales con referentes institucionales en la temática.



sábado, 27 de diciembre de 2014

ABORDAJE ASISTENCIAL DE LAS PROBLEMÁTICAS DE CONSUMO NIVELES DE INTERVENCIÓN


 En el abordaje asistencial con una persona con problemática de consumo, desde el inicio se plantea un objetivo prioritario que es el de disminuir los daños, tanto en el sujeto como en su familia. Para poder responder a ello sin dejar de profundizar en lo que subyace, se aborda, en forma simultánea, dos niveles de intervención:
1.       Un Nivel Operativo – Atenuante, con estrategias diseñadas para dar respuestas funcionales en los aspectos urgentes a tratar de la cotidianeidad del sujeto y su familia. Es decir, se apunta a generar cambios rápidos que detengan o disminuyan los daños producidos por la conducta adictiva. Lo que implica un abordaje motivacional que posicione al sujeto de manera tal que éste responda a las estrategias planteadas.
En un “Acontecimiento de cambio” (Greenberg 1986) se encuentran cuatro componentes:
-              Una señal del paciente que “es una afirmación o un grupo de afirmaciones que indican al terapeuta que el paciente se encuentra en ese momento frente a un problema (o un conflicto) susceptible de intervención”.
-              La operación del terapeuta que se refiere a la intervención realizada por él para facilitar la resolución del problema.
-              La actuación del cliente, que consiste en la respuesta del cliente a la intervención terapéutica.
-              Un resultado intrasesión, que va a variar en función de la teoría, puede ser la reorganización cognitiva, la resolución de un conflicto, el abandono de una idea irracional, etc.
En el Nivel Operativo - Atenuante del proceso, se tienen en cuenta  las señales del conultante que  tienen que ver con: resistencia a colaborar con la entrevista, a partir de silencios prolongados, críticas abiertas a lo dicho por el entrevistador, comportamiento no verbal que indica desacuerdo, conductas desafiantes, argumentos a favor de la conducta adictiva o, directamente, negación de la misma o de su gravedad (minimización del problema). Otra modalidad posible en esta fase, es la del sujeto que, reconociendo la conducta adictiva como problema, no registra como necesario un tratamiento para cambiar, ya que siente que sólo depende de que él así lo quiera, sin tener que recurrir a ningún tipo de ayuda externa.
Por otro lado, a partir de la observación directa del consultante, y los datos obtenidos por él y su entorno, se hacen innegables los daños producidos cuando hay persistencia en el consumo. Esto se evidencia en el alto monto de ansiedad, angustia y, a veces, agresión, de las primeras entrevistas. Las dificultades relacionadas con la escasa o nula actividad por parte del sujeto que consulta: abandono de estudios, desocupación, carencia de redes contenedoras. Historia de antecedentes en salud relacionados con internaciones por intoxicación aguda, episodios de violencia en el núcleo familiar, algunas veces, conductas delictivas, etc.
La operación o Intervención del entrevistador, deberá apuntar a disminuir la resistencia, aumentar la motivación y a construir con el consultante un problema en donde pueda sentirse identificado e implicado. La Intervención Motivacional con sus técnicas respectivas, han resultado ser útiles para la resolución del problema.
La intervención debe focalizarse explícitamente en el logro o refuerzo de aquellas conductas que el sujeto considera saludables, y que le otorgan beneficios internos como tranquilidad, orden, equilibrio, autoeficacia, etc. Al trabajar desde allí, el sujeto tiende a explayarse también sobre aquellas conductas que le impiden sentirse bien; y, el consumo de sustancias es una de ellas. A partir de allí, se trabaja sobre la idea de autocontrol, sin imponer la idea de abstinencia absoluta, lo cual sería completamente inútil considerando la fase del tratamiento.
En este nivel, se logra el objetivo, si el sujeto puede al menos registrar la necesidad de autocontrol en relación al consumo de sustancias.
Son adecuadas las Intervenciones mínimas con información y consejos directos sobre posibles conductas alternativas.
Trabajar con la familia es fundamental para poder interrumpir algunas secuencias de conductas que sostienen la conducta problema.
La respuesta del cliente se traduce en posturas y gestos que comienzan a reflejar comodidad, y puede hablar sobre lo que le pasa sin necesidad de que el terapeuta pregunte todo el tiempo. Escucha y responde en concordancia con los planteos que se le hacen. Aun en desacuerdo con la postura del terapeuta, la conducta no es desafiante sino explicativa.
Si la Intervención ha sido exitosa, el resultado intrasesión se hace evidente a partir de un aumento en la colaboración del paciente durante la entrevista. Sin que el terapeuta lo plantee, suele comenzar a hablar de sus patrones de consumo con cierto grado de preocupación al respecto.
En un Nivel operativo-atenuante, no se trabajan ni siquiera las teorías acerca del problema, sino que se priorizan acciones tendientes a disminuir rápidamente el daño, para, luego, trabajar en otro nivel de intervención.
Lo que realmente marca el éxito de la intervención en un nivel operativo, es que el consultante asista a la siguiente entrevista, y a la siguiente…
2.       Un Nivel Estructural, que apunta a Comprender la construcción del sujeto y su familia en relación a la conducta adictiva, Establecer nuevas perspectivas acerca del problema, que posibiliten el cambio de la misma y Posibilitar cambios estructurales.
Siguiendo el modelo del Acontecimiento de cambio, las señales que demandan una intervención, pueden ser:
El paciente ha comenzado a realizar algunas conductas que apuntan a disminuir el consumo, y puede hablar de las mismas como generadoras de conflictos. Demuestra preocupación por los efectos y puede verbalizar la necesidad de cambio. Es allí cuando, en forma simultánea se comienza a trabajar en el análisis de los factores implicados en el problema.
Las Intervenciones se basan en reestructuraciones en relación al síntoma y a las soluciones intentadas, de manera tal que se posibilite la visión de un cambio. Se trabaja estableciendo metas, y analizando cuáles son los factores que posibilitan u obstaculizan su concreción, a partir de allí, surge, inevitablemente el análisis de los aspectos individuales y familiares, presentes y pasados que intervienen en la problemática y en la posibilidad de su resolución.
Cuando la estrategia aplicada durante la sesión, es pertinente con el momento de cambio del paciente, y está en sintonía con el modo en que organiza la realidad esa persona en particular, se manifiestan resultados intrasesión que implican:
-          Apertura al diálogo
-          Aumento de la capacidad reflexiva y autocrítica intra sesión
-          Discurso protagónico de parte del consultante, “lo que yo puedo hacer”, en relación a las conductas tanto problemáticas como de resolución.
-          Aceptación de las construcciones ofrecidas por el terapeuta (redefiniciones, reformulaciones), manifiesto al utilizar dicha construcción en diferentes momentos de la sesión, y transfiriendo las mismas, a otras situaciones.
-          Participación activa en la direccionalidad de la sesión.
-          Realización de las tareas asignadas de una sesión a otra.
El Nivel Operativo, comienza desde la primera entrevista; y se mantiene durante todo el tratamiento. Es un nivel desde el cual pueden operar todos aquellos que reciben consultas iniciales relacionadas con la problemática adictiva.
El nivel Estructural, requiere por parte del paciente, una postura activa en un proceso de psicoterapia, lo cual no siempre se presenta desde el primer contacto.

Mgter Andrea Agrelo
Extracto del Capítulo del Libro:

“FUNDAMENTOS TEÓRICOS Y PRÁCTICOS DE LA INTERVENCIÓN EN LA FAMILIA, LA NIÑEZ Y LA ADOLESCENCIA” Cap. 7. “Las problemáticas sociales: Problemática de las Adicciones” 809 - 869. Editorial de la UDA.  Mendoza. Abril 2012

lunes, 21 de julio de 2014

Despenalizar o no despenalizar. ¿Esa es la cuestión?

 

El debate sobre la despenalización, no debería alejarnos del cuestionamiento acerca  de  las carencias y falencias en las  políticas sanitarias y educativas actuales.

Consumir drogas no es un delito. Está claro que la penalización del consumo estigmatiza al adicto y obstaculiza los procesos judiciales.Y esto es así porque el derecho a la vida y a la integridad física no implica una obligación a vivir y a mantener la propia integridad: en sistemas democráticos, ambos deben ser entendidos como derechos disponibles. Pero plantear únicamente por ello la despenalización, sería responder con simpleza a una problemática compleja.Debatir por sí o por no, genera una dicotomía que promueve posturas fundamentalistas perdiendo de vista el verdadero objetivo: el de considerar a la Salud como un derecho social básico y actuar en consecuencia.

El discurso dicotómico divide, fragmenta, acentúa las diferencias desde la intolerancia, por lo tanto es generador de exclusión. Y, en este espacio de discusión, es fundamental que cada una de las miradas se complemente y enriquezca con las demás, para intentar construir un discurso que, en su esencia, se aproxime a una respuesta válida en relación a la problemática de las adicciones.

Despenalizar es un punto de llegada, no de partida.

Lo que  debería cuestionarse, es cuáles van a ser la medidas que  van a ser necesarias para poder correr al adicto del sistema penal. Es real que la cantidad de causas por consumo lentifican el sistema judicial sin generar respuestas efectivas para la lucha contra el narcotráfico. Estigmatizan al adicto excluyéndolo del sistema laboral.  Pero también es cierto, que hoy funciona como un dispositivo que acerca a la red asistencial a muchas personas que no hubieran llegado de otra forma. Antes de cortar ese circuito, aun reconociéndolo como deficiente,  hay que sentarse a diseñar un circuito,  inclusivo y contenedor, que dé respuestas integrales frente a la problemática.

Deberíamos debatir sobre qué intervenciones se va a poner en marcha para evitar confundir a los jóvenes y personas en general, sobre lo que puede entenderse como un discurso de permisividad frente al consumo de drogas; ya que el planteo de despenalización, no debería implicar la subestimación de los riesgos que genera la conducta adictiva.Para esto, el sistema educativo debería garantizar la formación e información respecto al consumo responsable de sustancias, a través de una política  de estado integral que sea continua y consistente. Que esté planteada desde el Nivel Inicial hasta concluir la educación secundaria, considerando como fundamental, la capacitación sistematizada en los espacios de Formación docente.


Deben diseñarse acciones que respeten la identidad regional, garantizando un abordaje preventivo y asistencial, al alcance de todos. Para ello es fundamental la intervención efectiva del Consejo Asesor en el diseño y puesta en marcha de las políticas públicas correspondientes. Estableciendo una articulación consistente entre el Estado y las ONGs.

Desde un ámbito legislativo, se deberá discutir y  establecer una reglamentación clara en relación al planteo de la despenalización: cuánto, quiénes, cómo, dónde, etc.Otro de los temas que surgen frente al planteo de despenalización, y que requieren de un debate serio y profundo, es el de las políticas de Reducción de daños.Hablar de Reducción de daños, debería implicar previamente, el garantizar a todas las personas, el acceso al sistema de salud, es decir, una inserción social efectiva.

Planificar intervenciones desde un Modelo de Reducción de daños sin proponerse, garantizar la posibilidad de inclusión en el sistema sanitario, sería perverso. Para poder respetar la libre decisión de consumo de un sujeto, debemos primero,  como sociedad,  dirigirnos a personas  con capacidad de elección. Esto implica estar incluido en el sistema sanitario y educativo.Si esto no es así, la reducción de daños sólo termina siendo el cuidado paliativo de quienes no tuvieron opción, bajo un discurso hipócrita de respeto a la decisión individual.Las políticas abstencionistas, deberían complementarse con las de reducción de daños, no son antagónicos, son diferentes estrategias; pero sólo sobre la base de un sistema social justo y equitativo.Preguntarnos sobre la despenalización es hacer un planteo parcial, tendríamos que debatir sobre por qué la red asistencial no está al alcance de todos. 

¿Quién se pregunta sobre qué respuesta sanitaria ofrece cada provincia para las personas con patologías psiquiátricas que requieran una contención intensiva, o menores en conflicto con la ley, o mujeres que requieren modalidad residencial?

De todas maneras, el hecho de que en esta discusión no se planteen la cantidad de variables implicadas, no significa que no sea válida. Si nos quedamos con el discurso de que hay que abordar la complejidad, nos olvidamos de que hay que empezar por algún lado.

El tema de la despenalización debe ser la excusa que nos convoca  para iniciar la discusión, pero sin perder de vista  que esto es solamente una parte del problema. 

Mgter Andrea Agrelo